La creciente demanda mundial de semiconductores ha llevado a gobiernos y empresas tecnológicas a anunciar inversiones históricas para construir nuevas fábricas de chips. Sin embargo, estas instalaciones no aliviarán la escasez en el corto plazo, ya que la mayoría no comenzará a producir a gran escala sino hasta 2027 o incluso 2028.
A diferencia de otras industrias, levantar una planta de semiconductores es un proceso extremadamente complejo. La construcción de una fábrica de última generación puede tardar entre tres y cinco años, a lo que se suma el tiempo necesario para instalar maquinaria de alta precisión, calibrar los procesos de fabricación y obtener los niveles de calidad que exige la producción de chips avanzados.
Además, estas instalaciones requieren equipos altamente especializados, como las máquinas de litografía ultravioleta extrema (EUV), fabricadas prácticamente en exclusiva por la empresa neerlandesa ASML. Cada uno de estos sistemas puede costar más de 350 millones de dólares y su producción también tiene tiempos de espera de varios meses, lo que limita la velocidad con la que nuevas plantas pueden entrar en operación.
Los anuncios de inversión son de una magnitud sin precedentes. Estados Unidos impulsa la construcción de nuevas fábricas mediante la Ley CHIPS, mientras que la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y Taiwán también destinan miles de millones de dólares para fortalecer su capacidad de producción y reducir la dependencia de un reducido número de fabricantes asiáticos.
Empresas como TSMC, Samsung, Intel y Micron construyen simultáneamente nuevas instalaciones en distintos países, pero los propios fabricantes han advertido que la demanda impulsada por la inteligencia artificial seguirá creciendo más rápido que la capacidad de producción durante los próximos años.
A este desafío se suma otro factor: una fábrica no comienza a fabricar chips apenas termina su construcción. Antes debe superar un largo periodo de pruebas, certificaciones y ajustes para alcanzar los niveles de precisión requeridos. En la industria de los semiconductores, una mínima variación en el proceso puede inutilizar miles de chips, por lo que el inicio de operaciones suele ser gradual.
Mientras tanto, la demanda continúa acelerándose. La expansión de la inteligencia artificial, la computación en la nube, los vehículos eléctricos,
las redes 5G y los dispositivos inteligentes exige cada vez más procesadores avanzados, presionando una cadena de suministro que ya opera cerca de su capacidad máxima.
Los analistas consideran que, aunque las nuevas inversiones fortalecerán la industria a mediano plazo, no serán suficientes para eliminar la escasez de inmediato. Se espera que la oferta comience a equilibrarse conforme entren en funcionamiento las nuevas plantas entre 2027 y 2028, siempre que la demanda no siga creciendo al ritmo actual.
En otras palabras, la carrera por fabricar más chips ya está en marcha, pero construir una fábrica de semiconductores no es un proyecto que pueda completarse en unos cuantos meses. Hasta que esas nuevas instalaciones comiencen a operar plenamente, la industria tecnológica seguirá enfrentando un mercado donde la demanda supera a la capacidad de producción, con posibles repercusiones en los precios y la disponibilidad de computadoras, teléfonos inteligentes y otros dispositivos electrónicos.
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