Virginia Woolf fue una de las figuras más influyentes de la literatura del siglo XX y una de las voces centrales del modernismo inglés. Novelista, ensayista, editora y crítica literaria, transformó de manera decisiva la forma de narrar la experiencia humana al adentrarse en la conciencia, el tiempo, la memoria y la identidad con una profundidad inédita.
Nació como Adeline Virginia Stephen el 25 de enero de 1882 en Londres, en el seno de una familia profundamente ligada al mundo intelectual. Su padre, Leslie Stephen, era historiador, crítico literario y editor, mientras que su madre, Julia Duckworth, provenía de un entorno culto y artístico. El hogar familiar estaba lleno de libros, debates literarios y visitas de destacados pensadores, lo que influyó de manera decisiva en su formación. Sin embargo, su infancia también estuvo marcada por el dolor: la muerte de su madre en 1895, seguida por la de su hermana Stella y, años más tarde, la de su padre, provocaron crisis emocionales que acompañaron a Virginia durante toda su vida.
A diferencia de sus hermanos varones, no tuvo acceso a una educación universitaria formal, una limitación habitual para las mujeres de su época. Su formación fue esencialmente autodidacta, basada en una lectura constante y en el intercambio de ideas dentro de su entorno familiar. Esta desigualdad educativa despertó en ella una conciencia crítica sobre la condición femenina, tema que se convertiría en uno de los ejes centrales de su obra ensayística.
Tras la muerte de su padre en 1904, Virginia se mudó con sus hermanos al barrio de Bloomsbury, donde comenzó a formarse un círculo de artistas, escritores y pensadores que más tarde sería conocido como el Grupo de Bloomsbury. Este grupo se caracterizó por su espíritu liberal, su rechazo a las convenciones victorianas y su defensa de la libertad intelectual, artística y sexual, influyendo de manera decisiva en la visión del mundo y la obra de Woolf.
En 1912 se casó con Leonard Woolf, escritor y editor, quien fue su compañero intelectual y un apoyo fundamental frente a sus problemas de salud mental. En 1917 fundaron juntos la editorial Hogarth Press, un proyecto independiente desde el cual publicaron no solo las obras de Virginia, sino también textos clave del pensamiento moderno, incluidos trabajos de Sigmund Freud y T. S. Eliot. Esta editorial le otorgó una autonomía creativa poco común para una mujer escritora de su tiempo.
Su primera novela, Fin de viaje, publicada en 1915, ya mostraba su interés por la vida interior de los personajes. No obstante, fue durante la década de 1920 cuando desarrolló plenamente su estilo innovador. En La señora Dalloway, aparecida en 1925, narró un solo día en la vida de una mujer londinense mientras exploraba, a través de la técnica del monólogo interior, los recuerdos y pensamientos de varios personajes. Dos años después publicó Al faro, una de sus obras más reconocidas, donde reflexionó sobre el paso del tiempo, las relaciones familiares y la fugacidad de la experiencia humana.
En 1928 apareció Orlando, una de sus novelas más originales, en la que exploró la identidad y el género a través de un personaje que vive durante varios siglos y cambia de sexo. Ese mismo año publicó Un cuarto propio, ensayo fundamental del pensamiento feminista, en el que sostuvo que para que una mujer pudiera escribir necesitaba independencia económica y un espacio propio. Esta obra se convirtió en un texto esencial para generaciones de escritoras y pensadoras.
Durante los años treinta continuó experimentando con la forma narrativa. En Las olas, publicada en 1931, llevó al extremo su exploración del lenguaje y la conciencia, construyendo una novela casi poética basada en las voces interiores de sus personajes. Paralelamente, escribió ensayos críticos y políticos en los que reflexionó sobre la literatura, la historia y la sociedad. En Tres guineas, de 1938, analizó la relación entre el patriarcado, la educación, la guerra y la opresión de las mujeres, adoptando una postura pacifista y crítica frente al clima político europeo previo a la Segunda Guerra Mundial.
A pesar de su enorme reconocimiento intelectual, Virginia Woolf enfrentó durante toda su vida severos episodios de depresión y trastornos mentales. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos sobre Londres y el temor a perder nuevamente la estabilidad emocional agravaron su situación. Convencida de que se aproximaba una crisis de la que no podría recuperarse, el 28 de marzo de 1941 se quitó la vida en el río Ouse, cerca de su casa en Sussex, dejando una carta de despedida a Leonard Woolf que se ha convertido en uno de los testimonios más conmovedores de la literatura del siglo XX.
El legado de Virginia Woolf es profundo y duradero. Su obra transformó la novela moderna, influyó en escritores de todo el mundo y abrió caminos fundamentales para la literatura escrita por mujeres. Más allá de sus innovaciones formales, su pensamiento sigue vigente por la claridad con la que abordó temas como la identidad, la libertad individual, la creación artística y la lucha por la igualdad, consolidándola como una de las grandes figuras de la literatura universal.
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