La industria de wearables evoluciona hacia dispositivos más ligeros, inteligentes y autónomos

Hana Gabriela Espinosa

2026-02-19

Galaxy Watch apuesta por procesamiento local y mayor eficiencia energética.
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El mercado de wearables atraviesa una etapa de madurez y redefinición. Tras varios años centrados principalmente en el monitoreo básico de actividad física y notificaciones móviles, los dispositivos vestibles avanzan ahora hacia un nuevo paradigma: menor tamaño, mayor inteligencia artificial integrada y mejor autonomía energética.

Los relojes inteligentes, pulseras deportivas, anillos inteligentes y audífonos con funciones biométricas ya no compiten únicamente por diseño o número de sensores. La diferenciación se encuentra en la capacidad de procesar información de manera local, anticipar necesidades del usuario y ofrecer métricas más precisas sin sacrificar duración de batería.

Compañías como Apple con su línea Apple Watch, Samsung con Galaxy Watch, y Garmin en el segmento deportivo avanzado, están integrando algoritmos de inteligencia artificial capaces de interpretar patrones de sueño, variabilidad de frecuencia cardíaca, niveles de estrés y recuperación física con mayor profundidad. La IA no solo recopila datos: los traduce en recomendaciones personalizadas.

Uno de los cambios más relevantes es el procesamiento “on-device”. En lugar de depender exclusivamente de la nube, muchos wearables comienzan a ejecutar modelos ligeros de inteligencia artificial directamente en el dispositivo. Esto mejora la privacidad, reduce la latencia y optimiza el consumo energético.

La autonomía energética se ha convertido en prioridad estratégica. Los usuarios demandan equipos más delgados y cómodos, pero también con mayor duración de batería. Para lograrlo, los fabricantes están invirtiendo en procesadores de ultra bajo consumo, pantallas más eficientes y sistemas de gestión energética inteligente que adaptan el rendimiento según el uso.

En el caso de los anillos inteligentes, el diseño ultracompacto exige optimización extrema. Empresas como Oura Health han impulsado esta categoría al demostrar que es posible integrar sensores biométricos avanzados en formatos minimalistas. Estos dispositivos ofrecen monitoreo continuo con varios días de autonomía, marcando una tendencia hacia soluciones menos invasivas y más discretas.

Los audífonos también evolucionan. Marcas como Sony y Bose incorporan sensores de movimiento, seguimiento de actividad y optimización de

sonido impulsada por IA, convirtiendo los dispositivos de audio en plataformas inteligentes.

Además del enfoque en salud y bienestar, los wearables comienzan a integrarse más profundamente en ecosistemas digitales. La conectividad con smartphones, asistentes virtuales, sistemas de pago sin contacto y aplicaciones de productividad amplía su función más allá del deporte.

El crecimiento del mercado también responde a un consumidor que busca datos más precisos para prevenir problemas de salud. La incorporación de sensores avanzados —como medición de oxígeno en sangre, electrocardiograma o análisis continuo de temperatura— refuerza el posicionamiento de los wearables como herramientas de monitoreo preventivo.

En paralelo, la sostenibilidad empieza a influir en el diseño. Materiales reciclados, empaques más ligeros y mejoras en eficiencia energética forman parte de la narrativa de varias marcas que buscan responder a consumidores más conscientes.

El futuro inmediato de la industria apunta hacia dispositivos aún más integrados al cuerpo, con mayor capacidad de análisis predictivo y menos dependencia del smartphone. La miniaturización, la inteligencia artificial y la eficiencia energética son los tres ejes que definirán la siguiente generación.

En 2026, los wearables dejan de ser simples accesorios tecnológicos para convertirse en extensiones inteligentes del usuario, capaces de aprender, anticipar y acompañar en tiempo real cada aspecto de la vida cotidiana.

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