Desde que fueron concebidos en el siglo XVII, hace aproximadamente 350 años, los relojes de sonería han pasado de ser una herramienta meramente funcional (se utilizaban para conocer la hora en la oscuridad antes de la invención de la electricidad, así como para los invidentes), a ser una de las complicaciones más apreciadas por los amantes de la alta relojería.
Inicialmente, los relojes con sonería permitían saber la hora y los cuartosmediante sonidos graves y agudos. Poco más de un siglo después, la tecnología se perfeccionó y se produjeron relojes capaces de indicar también los minutos, naciendo así los repetidores de minutos que requieren de una maestría y precisión que solo consiguen las más grandes Manufacturas relojeras como Girard Perregaux.

Tres puentes revolucionarios
El movimiento con tres puentes, por su parte, es el más antiguo de la industriaque haya estado continuamente en fabricación desde que fuera diseñado en la década de 1860 por Constant Girard. Tres puentes paralelos en forma de flecha sujetan el barrilete, el rodaje y el tourbillon, haciendo de esta creación una revolución tanto funcional como estética.

Originalmente concebido con la forma clásica de flecha, símbolo de la Maisonsuiza fundada en 1791, han ido evolucionando, primero a los “neo-puentes”, hasta convertirse en los “puentes volantes” o flying bridges que observamos en los modelos más recientes de la firma y que llevan este nombre precisamente porque parecen estar “volando” dentro del movimiento.

Dos complicaciones integradas
Como muestra de la grandeza de la Manufactura y de su compromiso con el desarrollo de piezas impecables, tanto en estética como en su función, Girard Perregaux, presenta su nuevo movimiento flying bridges con el calibre GP9530, el tercero de primera clase lanzado por la firma en menos de medio año.
El GP9530 integra la precisión y belleza de los puentes volantes con la artesanía única de la sonería, tal y como se hizo por vez primera en 1996, cuando Girard-Perregaux combinó un repetidor de minutos y un tourbillon en un reloj de pulsera.

El sonido en el centro
Con el objetivo de mejorar la acústica de la pieza, el nuevo GP9530 se concibió con una estructura enteramente calada, que ofrece máxima transparencia además de optimizar el sonido. Para conseguirlo, combinaron un mecanismo de sonería, un tourbillon y un dispositivo de remontaje con microrrotor que, combinado con una pieza deslizante, le concede una resistencia al agua de hasta 30 metros.

Esta proeza, que otorga una reserva de marcha de 60 horas, está contenida en una caja de oro rosa de 43,55 mm cubierta con cristal de zafiro. En esta ocasión el detalle vanguardista del flying bridges está en la colocación del tercer puente en la parte trasera de la pieza, que es igualmente visible gracias al fondo abierto de la caja. Esta doble transparencia garantiza, no solo una visión óptima del movimiento, también una estupenda resonancia.

Como ya es costumbre, todo absolutamente es concebido, desarrollado y ensamblado internamente. A cada pieza se le dedican casi 450 horas, entre la decoración y el montaje de los 475 componentes. Es por eso que Girard Perregaux hace un pequeño homenaje grabando las iniciales del maestro relojero que lo montó en una placa discretamente integrada en el calibre.






