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¿Mensaje oculto en Another One Bites The Dust? La verdad detrás del mito de Queen

Cecilia Masariego

2026-04-06

Queen durante la etapa de promoción del álbum The Game.

En el otoño de 1980, Queen consolidó su transición hacia los sonidos de la cultura de clubes con el lanzamiento de Another One Bites The Dust. El sencillo, incluido en el álbum The Game, rompió con las raíces estrictamente rockeras de la banda para presentar una estructura rítmica influenciada por el funk neoyorquino. La pieza alcanzó el primer puesto del Billboard Hot 100 durante tres semanas consecutivas, otorgando a la agrupación una exposición masiva en el mercado estadounidense. Sin embargo, este éxito comercial atrajo el escrutinio de sectores religiosos que denunciaron la presencia de supuestos mensajes invertidos en la grabación.

La arquitectura sonora de la canción fue responsabilidad directa del bajista John Deacon. Durante las sesiones de grabación, Deacon mantuvo un contacto cercano con los pioneros del disco, Chic, adoptando técnicas de ejecución de Nile Rodgers y Bernard Edwards. El resultado fue una línea de bajo minimalista que se convirtió en el eje central de la composición. A pesar de la naturaleza bailable del tema, diversos ministros fundamentalistas en Estados Unidos afirmaron que al reproducir el coro en reversa se escuchaba la frase: “It’s fun to smoke marijuana” (Es divertido fumar marihuana).

Estas acusaciones se enmarcaron en una tendencia histórica sobre la preocupación por los “mensajes subliminales” en los medios de comunicación. Esta inquietud técnica surgió a finales de la década de los 50 con la publicación del libro The Hidden Persuaders, el cual planteaba que el cerebro humano podía procesar información por debajo del umbral de la conciencia. Con el auge del rock pesado y el uso de técnicas de grabación invertida (backmasking) por parte de The Beatles en el álbum Revolver, la opinión pública comenzó a buscar revelaciones ocultas en los discos de vinilo.

La persecución religiosa y el fenómeno de la pareidolia

Uno de los principales detractores de Queen en 1981 fue Michael Mills, un ministro de Battle Creek, Michigan. A través de su programa de radio, Mills propagó la idea de que agrupaciones como The Rolling Stones, KISS, Led Zeppelin y AC/DC insertaban consignas satánicas en sus obras. Respecto a Queen, Mills alegó que en el álbum A Night At The Opera la banda mencionaba a Beelzebub, vinculándolo directamente con la supuesta promoción del consumo de drogas en sus éxitos posteriores.

Científicamente, este fenómeno se describe como pareidolia auditiva, donde el cerebro humano intenta encontrar patrones familiares en sonidos aleatorios o caóticos. La reproducción en reversa de la voz de Freddie Mercury genera fonemas que, bajo la sugestión del oyente, pueden interpretarse como frases coherentes. La banda siempre negó la inclusión deliberada de estos mensajes, calificando las teorías como interpretaciones sin fundamento técnico.

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Del pánico judicial al uso médico de la canción

La controversia sobre los mensajes invertidos alcanzó su punto crítico en 1990 con el juicio contra Judas Priest. Los padres de dos jóvenes que atentaron contra su vida culparon al álbum Stained Class de contener órdenes subliminales. Aunque el caso fue desestimado por falta de evidencia técnica, el evento demostró el impacto real que las leyendas urbanas tenían en la industria discográfica. Rob Halford, vocalista de la banda, manifestó posteriormente su consternación ante la idea de que la música pudiera inducir conductas autodestructivas en sus propios seguidores.

Contrario a las teorías negativas, Another One Bites The Dust ha generado un impacto positivo en la medicina moderna. El ritmo constante de la batería de Roger Taylor posee una frecuencia de 110 pulsaciones por minuto (BPM). Esta cifra coincide con la cadencia exacta necesaria para realizar compresiones torácicas durante una reanimación cardiopulmonar (RCP). Instituciones de salud a nivel global recomiendan el uso mental de la melodía para mantener el ritmo adecuado en situaciones de emergencia, transformando un mito de conspiración en una herramienta funcional para salvar vidas.

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