Más de veinte años después de su estreno, School of Rock sigue siendo mucho más que una comedia; es una carta de amor al rock and roll y, para toda una generación, la primera y más divertida clase de historia de la música. La película, protagonizada por un huracán de energía llamado Jack Black en el papel que nació para interpretar, tiene su alma en la increíble banda sonora que Dewey Finn usa como su libro de texto para transformar a un grupo de niños prodigio de la música clásica en una verdadera banda de rock.
El plan de estudios del rock: De los riffs a la actitud
Cuando Dewey Finn, el rockero fracasado que se hace pasar por maestro sustituto, decide formar una banda con sus alumnos, su primera lección no es sobre teoría musical, sino sobre los fundamentos sagrados del rock. Su “plan de estudios” es un recorrido por los pilares del género. La primera tarea es simple pero fundamental: escuchar y absorber el poder del riff. Para ello, les asigna dos de los más monolíticos de la historia: “Smoke on the Water” de Deep Purple y “Iron Man” de Black Sabbath. Con esto, les enseña que un gran riff es la columna vertebral de una gran canción de rock.
Pero el rock no es solo técnica, es actitud. Dewey les enseña sobre la rebelión y el espectáculo a través de The Who, sobre la furia minimalista del punk con The Ramones, y sobre el misticismo y el poder de una frontwoman con Stevie Nicks. Cada canción no es solo música, es una lección sobre una pieza esencial del rompecabezas del rock: la energía, la pose, la composición y el desafío a la autoridad.
El milagro de Led Zeppelin y su “canción de los dioses del rock”
Un momento clave de la película, y una hazaña legendaria fuera de cámaras, es el uso de “Immigrant Song” de Led Zeppelin. En la icónica escena de la camioneta, Dewey Finn pone la canción para inspirar a la banda antes de su audición, declarando que es una canción de los “dioses del rock”. El grito inicial de Robert Plant desata una explosión de energía que contagia a los niños. Conseguir los derechos de una canción de Led Zeppelin, una banda notoriamente protectora de su música, era considerado casi imposible para cualquier producción cinematográfica. Para lograrlo, el director Richard Linklater y Jack Black grabaron un video en el que, desde el set y frente a miles de extras, le suplicaban directamente a la banda. La pasión del mensaje fue tan genuina que, contra todo pronóstico, los miembros de Zeppelin cedieron, regalando a la película uno de sus momentos más memorables.
De aprendices a creadores: Nace la música original
La clase de Dewey Finn no se limita a la teoría; el objetivo es la práctica y la creación. El verdadero punto de inflexión ocurre cuando el joven guitarrista, Zack, presenta un riff de su propia autoría. Dewey lo reconoce al instante como un gran riff y lo ayuda a convertirlo en una canción completa, “Zach’s Song”. Es el momento en que los estudiantes dejan de ser meros aprendices y se convierten en verdaderos músicos. Esta semilla creativa florece en el himno final de la banda, “School of Rock”, una canción original escrita para la película que encapsula toda la energía y el espíritu aprendido.
El examen final: La Batalla de las BandasDespués de semanas de “educación”, la banda está lista para su examen final. En la Batalla de las Bandas, no solo interpretan su pegajosa canción original, sino que, tras la exigencia del público por un “encore”, cierran su presentación con un cover que resume todo lo aprendido: “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll)” de AC/DC. Es el broche de oro, una declaración de principios y la graduación perfecta para una película cuya banda sonora no es un acompañamiento, sino su corazón y su mensaje: una celebración de la pasión, la energía y el poder redentor del rock and roll.




