La pelea interna en Queen que casi impide el lanzamiento de “Another One Bites the Dust”

Cecilia Masariego

2026-01-30

La banda británica en una de sus etapas de mayor transformación.
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A casi 46 años de su lanzamiento, “Another One Bites the Dust” se mantiene como uno de los pilares fundamentales en la discografía de Queen y como una de las líneas de bajo más reconocibles en la historia de la música popular. Sin embargo, detrás del éxito masivo del sencillo publicado el 30 de junio de 1980 como parte del álbum The Game, existió una fractura creativa que puso a prueba la cohesión de la banda británica. Reportes recientes han vuelto a poner el foco en la tensión que generó el cambio radical de estilo propuesto por el bajista John Deacon, una dirección que no fue bien recibida por todos los integrantes, específicamente por el baterista Roger Taylor.

Un cambio de rumbo hacia el Funk y la música Disco

La composición de Deacon representó un alejamiento drástico del rock operístico y grandilocuente que había definido a Queen en la década de 1970. Influenciado por la música negra estadounidense, el funk y la música disco que dominaban las listas de finales de esa década, el bajista presentó una maqueta que apostaba por el minimalismo rítmico y el groove bailable.

Esta propuesta generó incomodidad inmediata dentro del estudio. Brian May, guitarrista de la agrupación, ha abordado estas tensiones en diversas entrevistas retrospectivas, incluyendo declaraciones a la revista Guitar Player que han sido retomadas recientemente. Según May, la banda operaba bajo la filosofía de “nunca repetirse”, buscando deliberadamente situaciones de grabación que los obligaran a derribar barreras. No obstante, “Another One Bites the Dust” llevó esa premisa al límite.

La resistencia de Roger Taylor al sonido “seco”

El principal punto de fricción radicó en la estética sonora de la batería. Roger Taylor, conocido por un estilo de percusión potente y resonante, característico del hard rock, se opuso a la técnica de grabación requerida para el tema. La producción exigía un sonido de batería extremadamente “seco”, compacto y sin reverberación, típico del funk de la época, lo cual chocaba con la identidad musical del baterista.

“En diversos grados, a veces no nos sentíamos del todo cómodos con ella, y ciertamente Roger no se sentía muy cómodo con esa canción”, confesó May. El guitarrista explicó que Taylor “realmente no quería que su batería sonara así”. La disputa técnica se convirtió en un debate sobre la identidad de la banda: ¿Estaba Queen traicionando sus raíces rockeras para perseguir una tendencia de moda?

El respaldo de Freddie Mercury y el triunfo comercial

A pesar de la resistencia de la sección rítmica, la visión de John Deacon encontró un aliado crucial en Freddie Mercury. El vocalista se apasionó con la idea de explorar el sonido funk y apoyó incondicionalmente la dirección minimalista del tema, cantando con una intensidad rítmica que complementaba la sequedad de la instrumentación. May recordó que tanto Deacon como Mercury insistieron en que la batería debía sonar “escasa y compacta”, una decisión que finalmente prevaleció en la mezcla final.

El tiempo validó la apuesta arriesgada de Deacon. El sencillo no solo alcanzó el número uno en el Billboard Hot 100 de Estados Unidos, sino que se convirtió en el sencillo más vendido de la banda en ese país, vendiendo más de 4 millones de copias. La canción logró cruzar barreras demográficas, sonando tanto en estaciones de rock como en las de R&B y música urbana, ampliando la base de seguidores del grupo a nivel global.

Lo que en 1980 fue motivo de discusión en el estudio, hoy es considerado un movimiento maestro de reinvención. La incomodidad creativa descrita por May resultó ser el catalizador que permitió a Queen sobrevivir al cambio de década y mantenerse vigente en un panorama musical en constante evolución.

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