La historia de Fleetwood Mac es una de las más complejas y exitosas del rock, definida por la química creativa entre sus miembros clave: Lindsey Buckingham, Christine McVie y Stevie Nicks. Sin embargo, fuera de la maquinaria de la banda, cada integrante forjó un camino individual con resultados mixtos. Un reciente análisis exhaustivo realizado por el medio especializado Ultimate Classic Rock ha clasificado la discografía en solitario de los miembros de la agrupación, revelando las joyas ocultas y los tropiezos artísticos de estas leyendas de la música.
El reinado de Stevie Nicks y la arquitectura de Buckingham
No es sorpresa que Stevie Nicks domine la conversación comercial. Su álbum debut de 1981, Bella Donna, es calificado unánimemente como su mejor trabajo. Producido por Jimmy Iovine, el disco alcanzó el estatus de cuádruple platino gracias a himnos como “Edge of Seventeen” y la colaboración con Tom Petty, “Stop Draggin’ My Heart Around”. En el extremo opuesto, el análisis señala a Street Angel (1994) como su punto más bajo. Grabado durante una etapa personal difícil marcada por la adicción a analgésicos, el álbum sufrió problemas de producción y no logró generar éxitos, estancándose en el puesto 45 de las listas.
Por su parte, Lindsey Buckingham, el arquitecto sonoro de la banda, encuentra su cumbre creativa en Out of the Cradle (1992). Este trabajo, lanzado tras su salida inicial del grupo, le permitió desplegar toda su genialidad pop y técnica de guitarra sin restricciones. En contraste, Go Insane (1984) es considerado su esfuerzo menos logrado, descrito por la crítica actual como un producto que, aunque ambicioso, a veces cae en lo artificioso debido a la experimentación excesiva de la época.
Las sorpresas de Christine McVie y los fundadores
La fallecida Christine McVie dejó un legado de elegancia pop. Su mejor trabajo solista es, curiosamente, uno de los menos conocidos: In the Meantime (2004). Este proyecto, realizado con la ayuda de su sobrino Dan Perfect, destaca por su intimidad y artesanía melódica. Su “peor” álbum, Christine Perfect (1970), recibe este calificativo solo en términos relativos; es una colección de blues y pop temprano que, aunque encantadora, no alcanza la madurez compositiva de sus obras posteriores.
El análisis también rescata a los miembros fundadores. Peter Green, el guitarrista original, brilló con In the Skies (1979), un regreso triunfal tras años de problemas de salud mental, mientras que su debut The End of the Game (1970) es visto como una sesión de improvisación sin forma. Finalmente, el baterista Mick Fleetwood sorprendió con The Visitor (1981), grabado en Ghana con ritmos africanos, pero decepcionó con Shakin’ the Cage (1992), un intento fallido de rock de estadio genérico.
Este repaso confirma que, aunque la magia de Fleetwood Mac radica en la suma de sus partes, sus integrantes individuales han dejado huellas profundas —y algunas cicatrices— en la historia del rock.




