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Boys Don’t Cry: Por qué el mayor éxito de The Cure fue un fracaso en su lanzamiento

Cecilia Masariego

2026-03-27

Los integrantes de The Cure durante la era del álbum Three Imaginary Boys.

En junio de 1979, la agrupación británica The Cure lanzó su segundo sencillo titulado Boys Don’t Cry. A pesar de su estatus actual como una de las composiciones más reconocibles de la era post-punk y el new wave, la canción no logró ingresar a las listas de popularidad del Reino Unido en su lanzamiento original. La pieza, grabada en los Morgan Studios de Londres, enfrentó una serie de obstáculos logísticos y una falta de sincronía con la tendencia radial de finales de la década de los 70.

La producción del tema estuvo a cargo de Chris Parry, fundador del sello Fiction Records, quien buscaba un sonido más limpio y comercial tras el debut de la banda con Killing an Arab. El costo de las sesiones iniciales para el álbum Three Imaginary Boys y sus sencillos asociados se estima en 2,000 libras esterlinas de la época. A una cotización actual de 23.50 pesos mexicanos por libra, esta inversión equivale a 47,000 pesos mexicanos, una cifra modesta para los estándares de la industria, pero representativa para una banda emergente de la escena underground.

El contexto de la escena musical y la sombra de la controversia

Uno de los principales motivos del tropiezo comercial de Boys Don’t Cry fue la atención mediática centrada en el sencillo anterior de la banda. El tema Killing an Arab generó una fuerte controversia debido a interpretaciones erróneas de su título, el cual hacía referencia a la novela El Extranjero de Albert Camus. Este conflicto provocó que muchas estaciones de radio británicas mantuvieran una postura cautelosa respecto a la banda, limitando la rotación de su siguiente lanzamiento justo cuando The Cure necesitaba mayor exposición para consolidar su audiencia.

Además, el sonido de la canción presentaba una contradicción estilística para el mercado de 1979. Mientras que agrupaciones como Joy Division o Siouxsie and the Banshees exploraban sonidos más oscuros y densos, Robert Smith escribió una melodía de estructura pop clásica con guitarras rápidas y brillantes. Esta brecha entre la estética visual sombría de la banda y la naturaleza rítmica de la canción confundió a los programadores de radio, quienes no encontraban un lugar definido para el tema entre el punk agresivo y el sintetizador emergente.

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El fenómeno del relanzamiento y el video musical de 1986

La verdadera explosión comercial de Boys Don’t Cry ocurrió siete años después de su creación. En 1986, con motivo del lanzamiento del álbum recopilatorio Standing on a Beach, la banda decidió relanzar el sencillo con una nueva mezcla de voz. En esta ocasión, la canción alcanzó el puesto número 26 en las listas británicas y logró una penetración masiva en el mercado estadounidense a través de MTV. El video musical dirigido por Tim Pope, que presentaba a tres niños imitando la apariencia de la banda, resultó fundamental para el éxito tardío de la pieza.

La lírica de la canción, que aborda la vulnerabilidad masculina y el arrepentimiento desde una perspectiva irónica, resonó finalmente con la generación de los años 80. Smith compuso la letra basándose en la presión social sobre los hombres para ocultar sus emociones, un tema que se volvió central en la identidad del rock alternativo posterior. El éxito del relanzamiento transformó a la canción en un activo financiero mayor para la banda; se estima que por concepto de regalías y licencias de uso en cine y televisión, el tema genera ingresos constantes que superan los 100,000 dólares anuales, equivalentes a 1,670,000 pesos mexicanos al tipo de cambio actual de 16.70.

Hoy en día, la pieza es considerada una obra maestra de la brevedad pop, con una duración de apenas dos minutos y treinta y siete segundos. Su estructura de tres acordes y su riff de guitarra inicial influyeron en la formación de géneros como el indie rock y el pop-punk. El fracaso inicial del sencillo sirve como un caso de estudio sobre cómo la percepción del público y las dinámicas de la industria pueden retrasar el reconocimiento de una obra que, con el tiempo, se convertiría en un pilar de la cultura popular contemporánea.

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