El “Blue Monday”, una fecha estigmatizada popularmente como el día más deprimente del año. Sin embargo, este término evoca algo muy distinto: el ritmo hipnótico de la batería programada que da inicio a una de las canciones más influyentes de la música electrónica y el rock alternativo, interpretada por la banda británica New Order.
El origen de la fórmula de la tristeza
El concepto del “Blue Monday” como fenómeno psicológico nació en 2005. Fue acuñado por Cliff Arnall, un psicólogo británico que, comisionado por la agencia de viajes Sky Travel, creó una fórmula matemática para determinar el día más difícil del año. La ecuación toma en cuenta variables como el clima invernal del hemisferio norte, las deudas acumuladas tras la Navidad, el tiempo transcurrido desde las fiestas y el fracaso de los propósitos de Año Nuevo.
Aunque la comunidad científica ha desestimado la fórmula como pseudociencia y una estrategia de marketing, el concepto se ha arraigado en la cultura popular. Cada tercer lunes de enero, medios y redes sociales debaten sobre el estado anímico colectivo. No obstante, existe un antídoto sonoro que comparte el mismo nombre y que ha logrado perdurar mucho más que cualquier campaña publicitaria: el sencillo de 1983 de New Order.
La canción que definió la transición de una era
Musicalmente, “Blue Monday” representa un momento crucial en la historia del rock británico. Tras el suicidio de Ian Curtis en 1980, los miembros restantes de Joy Division formaron New Order. Con este tema, la banda completó su metamorfosis del post-punk sombrío hacia el synth-pop y la música dance, integrando sintetizadores y cajas de ritmos Oberheim DMX con el bajo característico de Peter Hook.
Lanzada el 7 de marzo de 1983, la canción se convirtió en un éxito global. Con una duración inusual de siete minutos y medio, “Blue Monday” ostenta el récord de ser el sencillo en formato de 12 pulgadas más vendido de todos los tiempos en el Reino Unido. Su influencia es tal que ha sido sampleada y versionada por artistas de diversos géneros, desde Kylie Minogue hasta Orgy, manteniéndose vigente en las pistas de baile cuatro décadas después.
El mito del diseño que costaba dinero
Una de las leyendas más fascinantes que rodea a este sencillo es su empaque. El diseño de la funda fue obra del legendario Peter Saville, quien creó una réplica troquelada de un disquete de 5 ¼ pulgadas. La complejidad del diseño, que incluía cortes precisos y códigos de colores, elevó los costos de producción a niveles exorbitantes para la época.
Se ha reportado históricamente que Factory Records, la disquera de la banda, perdía dinero por cada copia vendida debido al alto costo de manufactura del empaque, el cual superaba el precio de venta al mayorista. Aunque los ejecutivos de la disquera han matizado esta historia con el tiempo, el éxito masivo del sencillo —que no se esperaba que vendiera tantas copias— puso en aprietos financieros a la compañía paradójicamente debido a su popularidad.
Este próximo lunes, mientras el mundo habla de fórmulas matemáticas y tristeza invernal, la recomendación musical es clara: ignorar la pseudociencia y subir el volumen a esos sintetizadores inconfundibles que transformaron la melancolía en energía bailable.




