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¿Tiene sentido plantar árboles para frenar el cambio climático?

Los árboles son majestuosos y poderosos. Su madera es valiosa, son fuente de oxígeno y absorben dióxido de carbono. Los bosques del mundo almacenan alrededor de 16 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono cada año, un poco más del triple de lo que emiten los países europeos anualmente. Pero estas áreas boscosas se están reduciendo a un ritmo alarmante.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, cada año se pierden alrededor de 10 millones de hectáreas de bosque, debido, sobre todo, a la expansión de la agricultura. Y cuando se talan los árboles, gran parte del carbono que almacenan se libera a la atmósfera.


En las últimas décadas han surgido decenas de iniciativas que intentan compensar los daños, plantando miles de millones de árboles para absorber más CO2 del aire. Los gobiernos de todo el mundo y empresas como Microsoft y Nestlé se han comprometido a plantar árboles.

Según la científica conservacionista Kate Hardwick, del Proyecto de Banco de Semillas del Milenio, en el Real Jardín Botánico de Kew, Reino Unido, dichas iniciativas “realmente captan la atención de la gente, y esta reflexiona sobre el tema. Pero creo que el mensaje se ha simplificado demasiado”.

“La reforestación es parte de la respuesta, pero no ayuda si solo se enfoca en los árboles”, añadió.

En 2021, Hardwick y otros científicos de Kew publicaron 10 reglas de oro sobre la reforestación. Hacen hincapié en no solo plantar grandes cantidades de árboles, sino en restablecer sus hábitats.


Además, recalcan que el éxito de un proyecto puede depender si se plantan los árboles correctos en el lugar idóneo. De lo contrario, el resultado puede ser prejudicial. “Si se plantan árboles en suelos ricos en carbono como la turba, por ejemplo, entonces se emitirá más carbono del suelo del que se está ganando con el crecimiento de los árboles”, aseguró Hardwick.

La investigadora aportó otro ejemplo negativo: la plantación generalizada de acacias y pinos exóticos en zonas de matorrales nativos de Sudáfrica, que desplazan a la flora autóctona y provocan escasez de agua.

© DW